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miércoles, 13 de marzo de 2019

Presentación de Paràgrafs de Barcelona


Una de las cosas buenas de las redes sociales es que puedes encontrar personas afines sin siquiera haberlas visto antes en persona y esto es exactamente lo que nos ha pasado a JordiCorominas y a mí, que nos une un gran amor por la historia de Barcelona y, especialmente, por los detalles difíciles de percibir a primera vista.

Jordi Corominas es escritor, performer, loopoeta, caminante incansable y muchas cosas más y acaba de publicar su nuevo libro en catalán ­–Paràgrafs de Barcelona–. Ojo, que hacía más de diez años que no sacaba un libro en esta lengua y yo he tenido la suerte de que me pidiera escribir el prólogo, cosa que he hecho con mucho gusto ya que he disfrutado enormemente con su lectura. Fue abrirlo por la primera página y seguir y seguir como si no hubiera un mañana hasta acabarlo casi de un trago. Digo yo que el hecho de que esté escrito de un tirón, sin que haya ni un solo capítulo, tendrá algo que ver… Total, que desde que lo terminé, llevo conmigo una lista interminable de lugares pendientes de visitar y, gracias a ello, he descubierto callejones y pasajes como el de la Casas Boada y el de Boné.

carrer de les Cases Boada


Passatge de Boné

Quien quiera saber más, que venga a la presentación el próximo viernes 15 de marzo. Será en la librería Nollegiu y le acompañaremos Claudia Casanova (editora de Àtic dels llibres) y servidora. Prometemos charla interesante y muchas risas.





jueves, 19 de abril de 2018

Sant Jordi 2018



Se acerca Sant Jordi, tengo el blog muy abandonado y es hora de ponerle remedio.  Dadas las fechas en las que estamos, lo suyo es hacerlo con un post de recomendaciones literarias sobre libros y cómics leídos recientemente que me han encantado (aunque algunos no sean nuevos) y libros que los cuatro miembros de esta casa nos compraremos el próximo día 23. Además, aprovecharé para hablar de una novedad que acaba de salir a la venta en la que participo, y recordaros que tanto La Barcelona d’Hermes y el Anecdotario de Barcelona siguen siendo buenos regalos, aunque no sean de este año. 

1.       Historias de familias: los mejores cómics y libros que he leído en lo que va de año 2018

En cuanto a cómic se refiere, Poulou y el resto de mi familia, de Camille Vannier y El show de Albert Monteys, del propio Albert, son de lo mejorcito que he leído este año. El primero, protagonizado principalmente por Poulou (el abuelo materno de la autora) y, el segundo, por el propio autor (Albert Monteys), además de Mamen (su mujer) y sus hijos gemelos adolescentes (Max y Teo).



Camille Vannier decidió escribir y dibujar la historia de su familia materna tras un encuentro fortuito: el de una caja de galletas antigua en cuyo interior se hallaban numerosas cartas de amor que sus abuelos maternos –Poulou y Claude– se habían enviado durante años. No solo en la época del noviazgo sino también mientras estuvieron casados. Antes de aparecer dicha caja, Camille Vannier sabía pocas cosas sobre su familia y, al dar con ella, le pidió a su madre que se lo contara TODO. Ahí es donde descubrió que la historia empieza cuando su tatarabuelo Gopy se casa con quien no debe (su tatarabuela Gommy). El matrimonio tiene una hija y esta, a su vez, se casará y tendrá una hija a la que llamará Claude, que se enamorará de Poulou, se casará con él y ambos acabarán siendo los abuelos de Camille Vannier, la autora de esta historia loca sobre un joven emprendedor (Poulou) y una chica que, por amor, renunciará a su sueño de ser actriz (Claude). A partir de ahí…

El show de Albert Monteys (Albert Monteys)



El show de Albert Monteys es una recopilación de las historietas publicadas en la desaparecida Orgullo y Satisfacción. Escritas y dibujadas desde el nacimiento de la revista en el año 2014 hasta su último número (diciembre de 2017), Albert relata su día a día como autónomo historietista de cómic, marido y padre de familia. A su favor debo decir que, todo y ser historietas que ya había leído anteriormente, me han hecho saltar las lágrimas de tanto reír por cómo se ve a sí mismo: un padre desastroso que miente a sus hijos para sacar provecho de cualquier situación, adicto a Twitter, vago, obeso, calvo e inseguro a la hora de hablar con los medios de comunicación… Además, las conversaciones entre el Albert Monteys actual y sus otros yoes del pasado y el futuro son realmente desternillantes.

Nobles y rebeldes (Jessica Mitford)


Gracias a Jónatan Sark, que me lo regaló hace ya bastante tiempo, he disfrutado enormemente leyendo esta otra historia de familias. En este caso, la de una de las famosas hermanas Mitford. Concretamente, la de Jessica, que acabaría transformándose en una comprometida periodista. El libro originariamente fue publicado en el año 1960, y editado en España, por primera vez en castellano, en el 2014 por Libros del Asteroide.  

Los Mitford eran una familia aristocrática, refinada y conservadora de la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX formada por el barón Redestale, su esposa y sus siete hijos (un solo chico y seis chicas). Por orden de nacimiento, Jessica era la sexta. La mayor, Nancy, fue una novelista destacada. Diana, la siguiente, se casó con el heredero del imperio cervecero Guinnes y luego lo abandonó por el fundador de la Unión Británica de Fascistas, Sir Oswald Mosely (todo un escándalo en aquella época). Unity (a quien todos llamaban Gorgo), se declaró seguidora del nazismo, se hizo amiga de Hitler y el día que Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania se intentó suicidar (sin éxito) disparándose a la cabeza. Deborah, la pequeña, fue duquesa de Devonshire. En cambio Jessica, a diferencia de Gorgo, se transformó en una socialista convencida y, siendo aún adolescente, huyó a España con su primo Esmond Romilly (sobrino de Winston Churchill), de quien se había enamorado, para luchar en la guerra civil a favor de la República. El escándalo que supuso este episodio para la familia es uno de los grandes momentos de la historia, pero no el único. Hay muchos y muy buenos. De hecho, devoré el libro en tan solo un par de días.

Juegos reunidos (Marcos Ordóñez)


Fruto de la casualidad me leí dos libros seguidos de la misma editorial: Libros del Asteroide. En este caso, publicado en 2016 y comprado justo el día de Sant Jordi. Lo recuerdo perfectamente. Hasta entonces, no había leído ningún libro de Marcos Ordoñez, aunque sí era (y soy) una fiel seguidora de sus artículos de prensa. De hecho, algunos de los relatos que componen este libro habían sido publicados previamente en el diario El País.

Juegos Reunidos es un libro de carácter autobiográfico, que empieza con un viaje en el autobús número 24 y acaba recitando deseos. Entre medio, conoce la Barcelona underground, se va de juerga con su primo Mario, se emborracha hasta el punto de vomitar sobre una rata de cloaca, trabaja como periodista en diversas publicaciones, viaja con su amada Pepita y disfruta de la música y de sus gatos. Además, incluye momentos memorables como el del primo Mario, borracho perdido, que llega a casa de un amigo porque reconoce una representación del dios griego Hermes, que decoraba el dintel de la puerta de entrada. Ya solo por eso vale la pena leer el libro. Y también por ver las ilustraciones de Toni Benages, autor de la portada, el encabezado de los capítulos y la versión final del juego de la oca sobre la vida de Marcos Ordóñez.

2.       Libros que hemos pedido por Sant Jordi



El artífice de la checa de la calle Vallmajor (de la que hablamos en el Anecdotario de Barcelona), en la que Himmler se fotografió durante su estancia en Barcelona en octubre de 1940, se llamaba Alfonso Laurencic y era, ni más ni menos, que el marido de la niñera de Susana Frouchtmann, la autora de este libro. Ojo, que la historia tiene tela…

Susana pertenece a una acomodada familia barcelonesa que, en su momento, hasta tenía a la niñera viviendo en casa. Se llamaba María Luisa Preschern y, tanto para ella como para sus hermanos, era Frau Preschen. Apenas sabían nada de su vida personal, solo que a su marido lo fusilaron (por republicano) cuando terminó la guerra civil y que su apellido era Laurencic, un dato irrelevante en su día, pero que volvió a la memoria de Susana cuando leyó un artículo en la prensa que hablaba de Alfonso Laurencic (y no precisamente bien). Resultó ser el perverso creador de las celdas de tortura psicológica de las calles Vallmajor y San Elías. Y, para más recochineo, resulta que antes de que la guerra estallara, era un conocido músico de jazz que triunfaba en los cabarets del barrio chino.

Negreros y esclavos (Coord. Martín Rodrigo y Alharilla / Lizbeth J. Chaviano Pérez)


Hace un mes escaso que la plaza de Antonio López ya no tiene al marqués de Comillas sobre el pedestal en el que reposaba su estatua. Retirada por haber conseguido buena parte de su fortuna a finales del siglo XIX gracias al negocio del esclavismo, dicha plaza actualmente se encuentra a la espera de recibir un nombre nuevo, que deberá ser escogido mediante un proceso participativo. De momento, la propuesta de rebautizarla como Idrissa Dallo (el inmigrante que en el año 2011 murió en el CIE de la Zona Franca) fue rechazada en la sesión plenaria del Ayuntamiento celebrada el pasado 6 de abril. Pero… ¿Era Antonio López el único negrero de la Barcelona decimonónica? NO, y este libro lo demuestra.

Coordinado por los historiadores Martín Rodrigo y Alharilla y Lizbeth J. Chaviano Pérez, cuenta a través de ocho capítulos (detallados y bien documentados por diversos expertos), que una parte de la riqueza de determinadas familias burguesas importantes procedía de negocios relacionados con el esclavismo y el tráfico de esclavos negros, y que no nos debe extrañar el hecho de que parte del dinero invertido en la creación de l’Eixample surgiera de ahí. Según afirma el historiador Martín Rodrigo, el propio tatarabuelo del expresidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas –el capitán de barco Joan Mas Roig– transportó en el “Pepito” (que así se llamaba su barco) a 825 esclavos negros desde la costa de África hasta Brasil.



Libro perfecto para mi hijo adolescente, fanático de los videojuegos y poco dado a leer, excepto libros sobre su gran afición. Y este lo es. Medio biografía, medio reportaje periodístico,  narra la historia de dos chavales (John Carmack y John Romero), que lo dejaron todo por su pasión: la informática y los juegos. De esa unión, nacieron Doom (en 1993) y Quake (en 1996). Ambos, historias demoníacas de ciencia ficción con abundantes escenas de violencia que en seguida llamaron la atención de la prensa sensacionalista y de grupos conservadores que achacaban a los videojuegos cualquier acto violento que se produjera, como ocurrió con la masacre del instituto Columbine en 1999. Dado que sus responsables eran jugadores asiduos de Doom, la culpa la tendría el videojuego. 

Cuadernito de escritura divertida (El Hematocrítico / Olga Capdevila)


Tengo una hija de nueve años que tiene mucha gracia dibujando, es extremadamente creativa y tiene una imaginación desbordante. Por eso, el cuadernito de Hemato (que además es profesor de primaria) y Olga Capdevila es lo que le mejor le va. Ya estoy deseando ver cómo se las apaña para entrevistar a un piojo (y qué le responde el bicho), qué se inventa en la conversación de WhatsApp entre el astronauta y la pesada de su madre que no le deja hacer nada o cómo se las ingenia para escribir una redacción sin que haya ni una “a”.

3.       Novedad en la que participamos Daniel Ausente y servidora.




Me hace mucha ilusión anunciar la publicación de este libro colectivo, coordinado por Gerardo Vilches, sobre los años dorados del cómic adulto en España. Ilusión por varios motivos: por participar en un proyecto apasionante (repleto de firmas importantes en el mundo del cómic), por hacerlo con un tema que me encanta (el underground), por haber disfrutado enormemente conversando con varios de sus protagonistas y por ser la primera vez que el matrimonio Ausente colaboramos juntos (pero no revueltos) en un libro. Cada uno a lo suyo.


Ni uno ni el otro son ninguna novedad (los dos publicados en 2016), pero siempre es bueno recordar su existencia, ya que igual aun hay quien no los conozca, quien no los tenga o quien les ha encantado y ahora quiere regalarlos. Además, este año los Cazadores de Hermes estaremos todo el día en nuestra parada de Sant Jordi (en la zona dels Jardinets de Gràcia) vendiendo nuestro libro y el Anecdotario de Barcelona (aunque también los encontrareis los dos en todas las librerías).



martes, 1 de agosto de 2017

Lecturas veraniegas: La fada negra (Xavier Theros)


El último premio Josep Pla, concedido a Xavier Theros por La Fada negra, es la novela que me ha reconciliado con el género. Hacía tiempo que no encontraba una que me gustara de principio a fin ya que siempre me parecía que todo lo que leía decaía a la mitad. Sin embargo, aquí he estado enganchada a cada página. De hecho, desde que la terminé el mes pasado, le he cogido el gusto a las novelas e incluso he leído otras dos. Si alguien tiene curiosidad por sus títulos, son Oveja Mansa (Connie Willis) y Don de Lenguas (Rosa Ribas, Sabine Hofmann).

La Fada Negra mezcla una historia de asesinatos infantiles en la Barcelona de la primera mitad del siglo XIX, una ciudad de miserias, suciedades ¡y malos olores! De hecho, Theros describe tan bien lo mal que huele la ciudad que hasta el lector puede llegar a notarlo…

El argumento transcurre durante la última de las bullangas (revueltas populares) que sacudieron la ciudad entre 1835 y 1843: la Jamancia. Posiblemente, la más desconocida de todas aun comportar un cruel asedio y bombardeo de la ciudad entre los meses de junio y noviembre de 1843. Mientras la historiografía se empeña en recordar las más de 1000 bombas caídas sobre Barcelona (el 3 de diciembre de 1842) desde el castillo de Montjuïc, por orden del general Espartero y que duró tan solo trece horas, esta se olvida de rememorar el bombardeo continuado durante tres meses desde el citado castillo y la fortaleza de la Ciutadella por parte del gobierno del Estado Liberal y ordenado por el general Joan Prim (el mismo al que luego se erigió un monumento en el parque de la Ciutadella por haber sido el responsable de entregar dicho espacio al ayuntamiento para la construcción de un jardín).


El protagonista de la novela, Llàtzer Llampades, es un antiguo capitán de barco que había sufrido un grave naufragio y quedó atormentado por esa terrible experiencia. Tras su rescate, vuelve a Barcelona y es nombrado capitán de la policía por elección de la Milicia Nacional. Aquí, se desvela como un alcohólico y adicto al opio que acude a fumaderos inmundos, supuestamente ubicados en plena Ciutat Vella. Fumaderos que han sido inventados por su autor ya que no hay documento alguno que acredite su existencia aunque se supone que los había, ya que sí se ha verificado la entrada de grandes cantidades de esta sustancia por el puerto de Barcelona. Según indica Theros, su popularidad radicaría, en parte, en que era más barato que el alcohol y que no dejaba resaca. De hecho, el título de la novela lleva oculto el opio, ya que Fada negra es como se le llamaba en Filipinas, su país de origen.

El asalto frustrado a la Ciutadella es uno de los sucesos relatados en la novela
En esta situación, en calidad de capitán general de la policía de una ciudad  todavía oprimida por las murallas y con el proletariado revuelto y descontento con las políticas de Espartero, acaba recibiendo el encargo de investigar la muerte en extrañas circunstancias de un adolescente, hijo de un burgués importante. Un argumento que se irá complicando y que el autor aprovechará para introducir todas sus obsesiones, cosas que le interesan y que conoce gracias a los muchos años que lleva escribiendo sobre la historia de Barcelona, un interés que comparto absolutamente y  que he disfrutado al encontrarme con todo esto:

-          Marionetas
-          Su inspiración en La Vampira del Raval antes de que existiera Enriqueta Martí
-          Sociedades secretas (carbonarios)
-          El teatro anatómico y el Hospital de la Santa Creu con su manicomio y el fosar del corralet
-          El conde de España, Charles d’Espagnac
-          Exorcistas y videntes
-          Las barracas de Montjuïc
-          Barracas de feria
-          Túneles secretos que te conducen fuera de las murallas
-          El Frenólogo Marià Cubí
-          La casa de la Misercordia, de niños huérfanos
-          El bar Marsella
-          Narcís Monturiol


Y muchas cosas más… 

miércoles, 21 de enero de 2015

Ciutat Morta: desvelando las cosas que se hacen mal


Ayer  por fin vi Ciutat Morta. Hasta entonces, había oído y leído mucho sobre el asunto y, aun así, me ha parecido increíble todo lo que aquí se cuenta. De hecho, si todo esto es cierto será una de esas veces en que la realidad supera la ficción.

Financiado en parte gracias a un crowfunding realizado a través de Verkami, sus autores (Xavier Artigas y Xapo Ortega) consiguieron un total de 4.720 € (500 € más de los solicitados) que sirvió para sufragar los gastos del 10% del documental. Evidentemente, manejando unas cifras tan bajas, que nadie espere ver una gran película, de factura impecable y perfecta dirección artística. De hecho, no lo pretende. En realidad, lo que busca “Ciutat morta” es denunciar un caso muy grave, ocurrido hace 9 años, y del que se ha hecho todo lo posible para que no llegara a trascender.

Todo empieza con una rave masiva en un teatro abandonado (de titularidad municipal) en la calle Sant Pere més Baix la madrugada del 4 de febrero de 2006. Llega la Guardia Urbana - supongo que por quejas de los vecinos hartos de jolgorios cada fin de semana – y se lía todo. Cae un objeto contundente desde lo alto del edificio y le da de lleno a un guardia urbano que terminará en el hospital y en estado vegetativo. Mientras, un cúmulo de malas casualidades y negligencias se suceden una tras otra.



Primero, tres chavales  que pasaban por allí y daban el pego como okupas – llevaban rastas en el pelo - son detenidos en plena calle frente al teatro y acusados de arrojar el objeto contundente que hirió de gravedad al agente en cuestión. Y no contentos con ello, una vez en la comisaria de la Guardia Urbana, se ensañan tanto con ellos que, al final, acaban en urgencias del Hospital del Mar. Allí, una chica con aspecto fuera de lo común espera, junto a un amigo, a ser atendidos de una caída en bici. La Urbana, solo verla ya imagina lo peor. Alguien con una pinta así no puede hacer nada bueno por eso le requisan el móvil, se lo revisan y consideran que hay un mensaje sospechoso, suficiente para detenerlos a los dos y acabar varios años en prisión. Al final, ella se suicidó.



A partir de esa noche del 4 de febrero de 2006, tras las detenciones, empezó una sucesión de despropósitos consistente en malos tratos y negligencia empezando por la propia Urbana y continuando por los Mossos d’Esquadra, los Juzgados y hasta el propio ayuntamiento. Su responsable de Movilidad (Jordi Hereu) debería ser quien ordenó la limpieza de la calle Sant Pere més Baix tras los altercados, eliminando, con el camión de BCNeta,  toda prueba de la posible arma homicida. De todos modos, aunque Hereu era el responsable, nadie del ayuntamiento confirmó que la orden la diera él. De hecho, aunque la defensa lo pidió, no llegó a declarar en el juicio.


Y para acabarla de cagar, unos días antes de la emisión del documental en TVC (Canal 33),  un juzgado de Barcelona ordenó la supresión de 5 minutos de metraje porque vulneraba el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen del ex jefe de información de la Guardia Urbana, Víctor Gibanel. ¡Craso error! Parece que en los juzgados aún no conocen el poder de las redes sociales.

Xavier Trias, por su parte, el domingo respondía en Rac1 que no habría reapertura del caso, que no había visto el documental y que, además, estaba hecho desde el único punto de vista de los acusados. ¡Pues claro que es imparcial! Nadie del ayuntamiento ni la Guardia Urbana quiso participar cuando sus autores se lo propusieron.

De hecho, no sé qué me extraña si hace algunos años (quizá ese mismo 2006, no recuerdo bien) mis ancianos padres acabaron en el Juzgado por desacato a la autoridad. El único delito cometido por mi madre fue llamar “mort de gana” a un agente que increpó a mi padre por haber parado el coche en lugar prohibido para recoger a su señora, que tiene una invalidez reconocida del 65% y problemas de movilidad.


jueves, 30 de octubre de 2014

Noche de difuntos



Desde tiempos inmemoriales que en la noche del 31 de octubre (previa a la festividad de Todos los Santos), los catalanes recordamos a nuestros muertos mientras nos hartamos de castañas, panellets y  vino dulce. Además, aprovechamos la ocasión para explicarnos cuentos de miedo o ver películas de terror.

Si intentamos remontarnos a los orígenes de esta celebración en memoria de los difuntos descubriremos que se encuentran en una antigua fiesta pagana celebrada por los celtas, que luego fue adaptada por los romanos y que el cristianismo hizo suya.

En la cultura católica,  la existencia del día de Todos los Santos se debe al Papa Urbano IV, que se preocupó de que todos los santos tuvieran la correspondiente festividad que los recordara. Todo viene del hecho que, antiguamente, se celebraba el aniversario de la muerte de cada mártir que, en época de Diocleciano, eran cantidad. Tantos, que se tuvo que escoger una fecha concreta para venerarlos todos a la vez, cosa que realizó el Papa Gregorio IV.  Antes de eso, allá por el año 609, al Papa Bonifacio IV ya se le había ocurrido darle al Panteón romano una nueva utilidad. De modo que,  en lugar de derribarlo, lo consagró a la Virgen María y a los mártires del cristianismo y así, hábilmente, conseguía darle la vuelta al asunto. 

Representación de Todos los Santos por Fra Angelico
Posteriormente, ya en siglo X, se añadió la celebración del día de los difuntos justo al día siguiente del de Todos los Santos, que no fue institucionalizado formalmente hasta cien años después, con la creación del Día de los Fieles difuntos,  por parte de la Orden de Cluny.

Pero volviendo al tema de los celtas, les diré que eran gente que  creía en la existencia de una línea divisoria que separaba el mundo de los vivos del de los muertos. Esa línea se estrechaba cuando llegaba el Samhain (la festividad que marcaba el fin del verano y, por tanto, la finalización de la temporada de cosechas), permitiendo que todos los espíritus pasaran, esa misma noche, al mundo de los vivos.

Por otra parte, lo de comer castañas y panellets  dicen que viene de lejos y que es tradición desde que el encargado de tocar las campanas de la iglesia se pasaba la noche en vela dando campanazos para avisar a la población de que no se olvidara de rezar a sus difuntos. Como podrán imaginar, era una tarea agotadora que dejaba exhausto al pobre campanero, motivo por el cual engullía castañas y vino dulce.

Castañera frenta a la iglesia de Belén (Frederic Ballell, 1917) .- AFB

Lo de los panellets  ya es otra cosa y hay quien dice que es una evolución de las antiguas comidas familiares que se celebraban tras un funeral, mientras otros consideran más adecuado relacionarlo con un ritual de bendición del pan que los parientes depositaban en los sepulcros de sus difuntos por si el hambre les apretaba en la otra vida.


¡Feliz noche de los muertos!

domingo, 31 de agosto de 2014

Turismo de borrachera


Ayer éramos 2.000 (o más) entre vecinos de la Barceloneta, gòtic, Born, Raval, Ribera y otras partes de la ciudad. Todas hartas de aguantar el turismo de borrachera que se instaló hace tiempo y que, por culpa de la mala gestión del ayuntamiento, la cosa ahora está como está.

Cuando me instalé a vivir en Ciutat Vella (hace ya más de diez años)  poco me podía imaginar que hacer vida normal en el barrio, sobre todo en verano, sería tan complicado. Realizar tareas cotidianas como ir a la compra o dormir una noche de un tirón se convierten en toda una odisea. No hay sábado que no invierta casi dos horas en el mercado (repleto hasta los topes de turistas que no compran pero hacen muchas fotos) ni noche con gritos de guiris borrachos, que cantan bajo nuestro balcón, o de víctimas del clásico tirón de bolso. Y, por lo que veo, no se trata de una paranoia mía sino que es algo general. Barcelona, en los últimos años,  ha recibido una masa tan enorme de turismo que al final, no ha podido asimilar. De hecho, los números son alarmantes: 8 de cada 10 personas que pasan por la Rambla son turistas. Entre tanto, el ayuntamiento no para de vender las excelencias de una Barcelona de postal, tan alejada de lo que es en realidad.




Todo esto no ha ocurrido de golpe sino que ya viene de lejos. Por desgracia, poco después de instalarnos en el barrio vivimos en primera persona los problemas de tener un piso turístico low cost en la puerta de al lado. Nuestros antiguos vecinos decidieron marcharse al campo a vivir y vender su piso a un indeseable que lo alquilaba a cualquiera que viniera con ganas de sangría y paellador. Fue un año (o más) de tortura pero al final, tras llamar cada noche a la Urbana, los vecinos del edificio conseguimos que el negocio acabara clausurado y el propietario, al no poder sacarle el rendimiento esperado, no le quedó otra que vender la casa a una familia estándar que, por suerte, ahora son nuestros vecinos.

Ahora bien, por lo que parece, los casos de pisos turísticos con propietarios particulares en la Barceloneta son los menos ya que, según una noticia aparecida en el Ara, el 25% están a nombre de empresas. Cosa que hace sospechar que son los propios hoteleros quienes están detrás de este tinglado.

Al final, este turismo de alpargata que tanto ha favorecido nuestro ayuntamiento, poca cosa buena aporta a la ciudad ya que, gracias a él nos estamos transformando en un gran parque temático especializado en grandes juergas. Lo que conlleva a la desaparición de cierto tipo de comercio tradicional por otro muy distinto, sea de comida fast food, de copas de garrafón o, de latero de las Ramblas, para los guiris más tirados.


Para terminar, aquí os dejo el documental Bye, Bye Barcelona. Aunque ya lo incluí en el post sobre el caso Can Vies, explica muy bien lo que estamos viviendo ahora.

jueves, 29 de mayo de 2014

Qué ocurre cuando tocas un símbolo como Can Vies


Fotografía: ABC
Desde que hace un par de días los Mossos d’Esquadra entraron a desalojar Can Vies y se armó la de San Quintín, llevo oyendo barbaridades del porqué de tanto jaleo. Que si el CNI tiene que ver, que si al gobierno del PP ya le gusta que aquí nos liemos a tortazos porque los catalanes somos poco más que terroristas con eso del proceso soberanista y no sé cuantas cosas más. Y eso que yo no tengo ese sentimiento independentista aunque entiendo y respeto a quién sí lo tenga. Por eso creo que en el post de hoy debo explicar la historia de este edificio y lo que significa para la gente del barrio de Sants y de toda la ciudad.

El edificio, ubicado en la calle Jocs Florals, 40-42 (justo al lado de la Plaza de Sants) data de 1879 y fue construido a la par que la primera línea de metro de la ciudad (L1) para servir de almacén del material utilizado para la construcción de ese transporte subterráneo. Por tanto, siempre ha sido propiedad de la empresa de Transportes de Barcelona, hoy en día TMB, y siempre ha servido para los menesteres de esta empresa y sus trabajadores y, posteriormente, del sindicato de la CNT. De hecho, antes de la Guerra Civil era de uso habitual de los empleados de transportes hasta que llegó la guerra y fue colectivizado por la CNT.

Luego, según leo en la Wikipedia, en época franquista pasó a la sección sindical de Sindicato Vertical, momento en el que fue añadida una pequeña capilla con una imagen de la Moreneta. Virgen que, por lo que me cuenta una vecina del barrio, se la cargaron los últimos okupas de la casa.

Allí, a principios de los años 40, se creó el Círculo Social Metropolitano donde estuvo hasta 1985. Luego, en los 90, sufrió unos cuantos incendios en el transcurso de un conflicto laboral  entre la empresa y sus trabajadores. Así llegamos a 1997, el año en que fue okupado por la gente del barrio como reivindicación a la falta de espacios para la realización de determinadas actividades y, casi desde ese mismo momento, el ayuntamiento ya lo quiso desalojar y aprobó un plan de reordenación urbanística para construir, en el mismo lugar, viviendas particulares.

En el año 2007 ya hubo un juicio por el desalojo de Can Vies que acabó con la demanda de TMB desestimada. En total, la empresa municipal de transportes se ha gastado más de 140.000 euros en honorarios de abogados para hacerse con el terreno de Can Vies, cosa que acaba de conseguir. Lástima de todo lo que ha luchado la gente del barrio para mantener el edificio en pie y que aparece, muy bien explicado, en este vídeo de hace un par de años.



Estos últimos días, David Fernández, de la CUP, es la persona que más claro ha hablado sobre lo que es Can Vies para la gente. Según sus declaraciones a la prensa, “Can Vies fue un símbolo ganado al PP, ganado a Aznar, ganado a García Valdecasas. Fue un centro cívico. Por él han pasado miles y miles de jóvenes que hoy están trabajando”.


Foto: Pau Llonch
Por ser un símbolo ganado al PP, a Garcia Valdecasas y a tantas cosas más, se ha liado la que se ha liado. Porque, por si alguien aún no lo sabe, los símbolos no se tocan. Cuando se ataca un símbolo con el que te identificas, todo se desmorona y pasan cosas como las que acaban de ocurrir. Por eso, casi todas las asociaciones de barrios de Barcelona se han echado a la calle para defender Can Vies y todos sus símbolos, se llamen La Carbonera, La Harmonía, La Flor de Maig o el mismísimo Ateneu Enciclopèdic Popular que, como muy bien dice Xavier Theros, es una de las instituciones culturales más importantes de la ciudad y no tiene un lugar donde ejercer sus funciones. Sobrevive cómo puede en un piso prestado por la Biblioteca Arús a la espera que el Ayuntamiento le ceda un espacio que me temo que nunca hará.

Can Vies es también un símbolo de la Barcelona obrera y de barrio, en las antípodas de la Barcelona turística que tanto nos molesta. En cambio, es la Barcelona que interesa a nuestro ayuntamiento y que aparece tan bien descrita en el documental “Bye bye Barcelona”.



A este paso, si seguimos favoreciendo el turismo y obviando nuestra historia pronto se cumplirá lo que Miguel Gallardo vaticinaba, hace casi un año, en esta ilustración publicada en el Diario Ara.



martes, 29 de abril de 2014

Leones y otras fieras en el Palacio Real Menor

Elefante "Baby" de Lluís Martí Codolar, en el jardín de "La Granja Vella"
su residencia de la Vall d'Hebron
Este post es el resultado de algo que me ocurre a veces y es que, investigando para un tema bien distinto, encuentro cosas sorprendentes, como la que ahora me ocupa. Esto viene a cuento de haber leído una frase, corta y escueta, de Xavier Theros en su libro A cau d’orella donde comenta que, en lo que fue el Palacio Real Menor, hubo la primera colección de animales exóticos de Barcelona. Luego, mucho más tarde, llegaron otras como la colección de Lluís Martí Codolar con sus jirafas, avestruces y elefantes correteando por el jardín de su caserón de la Vall d’Hebron, que creció hasta los 163 ejemplares y tuvo que vender al ayuntamiento de Barcelona (en 1892), siendo el inicio del actual zoo de la ciudad. Sin olvidar el Museo Pedagógico de Ciencias Naturales, del taxidermista Lluís Soler y familia (de la Plaza Reial), por mucho que los animales allí expuestos ya hubieran pasado a otra vida.

El taxidermista Lluís Soler, en el parque de la Ciutadella,
con una cabra disecada
En cuanto al Palacio Real Menor, actualmente, poco o casi nada queda de él. Solo la capilla (en la calle Ataülf, 4) donde la reina solía ir a rezar. Dicho palacio, según Josep María Carandell, también era conocido como el de la Reina (por la razón que Pere el Cerimoniós lo adquirió como residencia para su esposa, Leonor de Sicília) y, también, con el nombre del Castillo Nuevo.

Iglesia de la Victoria, antiguamente capilla del Palacio Real Menor
El palacio, construido sobre una fortaleza romana que ocupaba el espacio de las actuales calles Ataülf y Comtessa de Sobradiel hasta llegar a Avinyó, inicialmente era la residencia templaria. Fue construida gracias a Jaume I como agradecimiento por haberlo ayudado en las conquistas de Mallorca y Valencia. Luego, tras la desaparición de los templarios, el edificio fue adquirido por Pere el Cerimoniós para transformarlo en el domicilio privado de su mujer. Exactamente, según palabras de Víctor Balaguer en “Las calles de Barcelona”, el inmueble fue adquirido por el rey “a ruego de su madre política y brindado de su amenidad, con ánimo de habilitarlo para residencia de verano”. 

Pere el Cerimoniós (Pedro IV de Aragón)
Desde entonces, el palacio siempre fue residencia de reinas. Fuera cual fuera su ocupante. Desde Leonor de Sicília hasta Violant (viuda de Joan II), pasando por Margarita de Prades, esposa de Martí l’Humà. Y así siguió la cosa, pasando de señora en señora, hasta que en 1857 la Condesa de Sobradiel lo mandara destruir dejando, únicamente, la capilla que todavía se conserva aunque muy modificada.

Leonor de Sicília, tercera esposa de Pere el Cerimoniós
Esta frase de Theros tan bien puesta en el libro “…el va condicionar com a residencia de la seva muller i hi va instal·lar la primera col·lecció d’animals exòtics que va tenir la ciutat”, me llevó a indagar en el tema hasta que di, en la red, con un estudio exhaustivo realizado por Anna María Adoer  i Tasis. Ella, tras recorrer los archivos de esta ciudad, ha llegado a la conclusión que, en Barcelona, había leones (y otros animales exóticos) desde el siglo XIII. Residían en los jardines del Palacio Real Mayor (el de la Plaza del Rey) hasta que fueron trasladados al jardín del Palacio Real Menor un siglo después. Allí convivían plantas exóticas con ciervos (traídos desde Mallorca a petición de Pere el Cerimoniós), leones, guepardos, avestruces, escorpiones, faisanes, falcones y peces. Todo esto lo sabemos por la documentación conservada en el Archivo de la Corona de Aragón y un libro de viajes, de un señor de Alemania, que estuvo en Barcelona allá en el año 1500 y lo vio. Vio un montón de animales exóticos (incluso osos) propiedad de Martí l’Humà, que vivían en su palacio ubicado en los terrenos de la actual plaza Medinacelli y, debería impactarle tanto, que hasta dejó constancia escrita de ello.



Aún así, por mucho que ese alemán se sorprendiera por ver tanto animal salvaje junto, en esa época era normal que la gente rica coleccionara animales (y  cualquier cosa difícil de conseguir) por ser un símbolo de poder. Solo la dificultad de hacerse con ellos y mantenerlos sanos y bien alimentados era todo un reto. Eran animales caros de mantener y de traer hasta la ciudad. Habitualmente venían en barco y, a menudo, morían durante el trayecto si no se daba el caso que atacaran a sus vigilantes y cuidadores en plena alta mar. De hecho, eso mismo le ocurrió al famoso rinoceronte de Durero, que pereció (en 1515) ahogado en el naufragio del navío que lo transportaba de Lisboa a Roma, cuando viajaba como regalo del Rey de Portugal al Papa León X. 


Rinoceronte (grabado de Durero, realizado en 1515)
Sobre lo complejo de su manutención, en su artículo, Anna Maria Adroer comenta que no es  extraño que las urbes con más animales salvajes fueran las que tenían un barrio judío importante, como Barcelona. Y eso se debía a que su alimentación procedía de un impuesto pagado por los judíos de la ciudad.

Por lo que se desprende de la documentación conservada, Pere el Cerimoniós estaba muy al tanto de la salud de sus animales y, una vez que murieron unos cuantos leones (en 1385), estuvo muy preocupado por el motivo de la defunción. Quería saber si fue por hambre, enfermedad o por estar mal atendidos. Y la cosa aún fue a peor tras la destrucción del barrio judío en 1391 ya que, sin judíos en la ciudad, no había a quien cobrar el gasto de los animales… Hasta que, al cabo de un año, al Rey Joan (hijo de Pere el Cerimoniós) se le ocurrió descontar una parte del sueldo de los altos funcionarios y destinarlo a la manutención de las fieras. Incluso, para dar ejemplo, él mismo hizo lo propio con sus honorarios. Aunque, en principio, el dinero era solo para la comida, acabó por incluir el sueldo del cuidador de las bestias (el “leonero”). Motivo por el cual, con el tiempo, los funcionarios aun tuvieron que dar más hasta que, en el siglo XVI, el Consejo Municipal decidió pagar el sueldo al leonero y encargarse de todo lo concerniente a los animales del palacio.

Resulta que en Barcelona hubo leones hasta el siglo XVIII y “La casa de los leones” fue una parte del Palacio Real Menor, que desapareció en 1860, cuando su última propietaria (la Condesa de Sobradiel) lo mandó derribar. Poco después, en 1865, el excéntrico burgués Martí Codolar se hizo con un zoo particular en casa gracias a la ayuda de Francesc Darder y aún, un poco más tarde (en 1889), el taxidermista Lluís Soler abría su primer establecimiento de animales disecados en la calle Raurich, 16-18.

Primer local del Taxidermista, en C/ Raurich, 16-18

sábado, 8 de marzo de 2014

Congress for Curious People y el teatro anatómico de la Real Academia de Cirugía

Grabado de Matías de Irala
lección de anatomía en el Hospital General de Madrid

Miércoles 26 de febrero a las 18:15 horas. Es el momento de inaugurar Curious Congress BCN. La cita es en la Casa de la Caritat y Felipe Trigo nos espera, allí, junto a los creadores del Congress en Nueva York: Aaron Beeve y Joana Ebenstein. Con ellos están Enrich H. March, Laura Valls, José Pardo y Alba del Pozo que, durante la ruta, nos contarán cosas de esas que tanto me gustan y de las que, a veces, hablo en el blog.

La sede de la Real Academia de Cirugía y Medicina (con su teatro anatómico incluido) es uno de esos lugares que me fascinan y que, por motivos de horario, aún no había podido visitar. Cada miércoles por la mañana hay visitas guiadas pero nunca puedo asistir por coincidir con mi horario laboral. Así que, gracias al Curious Congress he cumplido con una deuda pendiente desde hacía un montón de años.

Este edificio formaba parte del complejo del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, también conocido como “el corral”por el aspecto del primitivo teatro anatómico que parecía un antiguo teatro de corral. De ahí viene que el nombre común del cementerio del hospital fuera el fossar del corralet, lugar al que dediqué el primer post de la vida de este blog.



Alexandre Cirici (en Barcelona pam a pam) describe la Real Academia de Cirugía y Medicina como un edificio con “una simple y muy noble fachada neoclásica” que contiene una “placa conmemorativa en honor al rey Carlos III (1762)”. En cuanto a su interior, nos cuenta que “es muy interesante el bello salón circular, antiguo anfiteatro máximo con la mesa de mármol para disecciones en el centro”.  Y sí, realmente es alucinante… Ya dentro del lugar, busqué un lugar donde acomodarme entre las butacas de madera de estilo rococó  yendo a parar a primera fila, justo en frente de la silla en la que se sentaba el catedrático cirujano encargado de dirigir la disección.



Una vez todos sentados, Laura Valls nos habló de la temporalidad de los primeros anfiteatros anatómicos y de que el de Barcelona, inicialmente, era de madera y no fue hasta entrado el siglo XVIII que Ventura Rodríguez (el del Pilar de Zaragoza) construyó el edificio actual. Llegados a este punto, debo añadir que el teatro anatómico permanente más antiguo fue el de Padua, construido en 1595.

Los antiguos teatros anatómicos se instalaban en invierno y se desmantelaban cuando el frío empezaba a disminuir ya que, con el calor, los cuerpos se pudrían rápidamente y desprendían un olor repugnante además de ser poco higiénico. De hecho, el olor ya era malo durante la disección en pleno invierno, cosa que se intentaba combatir a base de incienso, óleos perfumados y demás potingues de la época. Además, cada autopsia duraba tres días como máximo por el mismo motivo de la descomposición de la carne antes mencionado.

Lección de anatomía del Dr. Tulp (Rembrand, 1632)

Laura Valls también nos explicó que todas las disecciones eran públicas. Evidentemente, asistían el diseccionador titular y sus alumnos pero también todo aquél que lo deseara. El  público general acostumbraba a sentarse en un lugar visible aunque existía la posibilidad de ocultarse de la vista de los demás. Para este último menester, en el piso superior había unas celosías tras las que poder disfrutar de la disección sin ser visto por nadie. Cosa que solían realizar determinadas personalidades de la burguesía catalana.

Celosías del piso superior desde donde poder ver la disección sin ser visto

Debemos agradecer  a Pere Virgili la creación  de la Real Academia de Medicina y Cirugía. De hecho, su busto preside el interior del teatro anatómico. Él, a los 16 años de edad, se marchó a pie a Montpellier para estudiar medicina y anatomía porque Barcelona se había quedado sin universidad. Se había trasladado a Cervera por orden de Felipe V en 1717.

Busto de Pere Virgili en el interior del Teatro anatómico

Años después, durante su estancia en Cádiz, Virgili pidió al rey la creación de una universidad de medicina en esa ciudad, deseo que le fue concedido. Posteriormente, se atrevió a pedir lo mismo para Barcelona, cosa que fue posible en 1768 instalándose en este edificio contiguo al Hospital donde fue sede de la Universidad hasta que, en 1905, se trasladó a la calle Casanova.

Postal de la fachada de Medicina de la Calle Casanova (1906)
Fuente: http://www.flickr.com/photos/jordipostales/with/2434276165/


Tres siglos antes (1401) el rey Martí l’Humà fundaba el Estudio General de Medicina y Artes y se creaba la primera cátedra de anatomía, gracias a la cual se autorizaba la disección de humanos. Antes, sólo era posible hacerlo con animales. Por suerte, gracias a esa cátedra, fue posible la autopsia de los numerosos barceloneses que morían, a diario, durante la gran epidemia de peste de 1650. Dicen que eran tantos los cadáveres que el teatro anatómico se quedaba pequeño, teniendo que realizar las disecciones en plena calle, a la vista de todos los curiosos que se agolpaban para ver el espectáculo.

Sobre la gran plaga de peste que asoló Barcelona (y el resto de Cataluña), debo decir que, para combatirla, surgió la figura del "médico de la peste". Eran licenciados en medicina que se dedicaban, exclusivamente, a atender a los apestados y se desplazaban a todas las ciudades que se les requería. La cuestión es que llegaron a ser tan apreciados que hasta se les concedían privilegios especiales. Para hacernos una idea de lo valorados que estaban, cuando la epidemia se extendió a Tortosa, dos médicos de Barcelona, que iban de camino a la ciudad tarraconense a prestar sus servicios, fueron secuestrados y Barcelona hubo de pagar un alto precio por su rescate.

El médico de la peste

Durante la explicación de Laura Valls hubo quién se interesó en saber si, allí,alguna vez se diseccionaron momias. Por lo que parece, eso no llegó a suceder pero a mí me consta que entre las clases adineradas de toda Europa se organizaban reuniones para desembalar momias. Eran sesiones privadas,realizadas en viviendas particulares, a las que asistían personalidades destacadas del momento.

Finalmente, relacionado con el tema momia, José Pardo nos informó del gran valor que se daba a sus vendas. Según parece, entre la burguesía barcelonesa, se había extendido la idea del poder curativo que ejercían, llegándose a pagar precios astronómicos para hacerse con ellas y elaborar recetas médicas milagrosas.