martes, 29 de septiembre de 2015

Que llega ¡García! A La Central del Raval



El 30 de septiembre, Daniel Ausente y servidora tendremos el honor de ejercer de maestros de ceremonia del primer volumen de ¡García!, la obra de Santiago García y Luís Bustos.

Para quien aún no lo sepa, ¡García! es la historia de un super agente (entre James Bond y Roberto Alcázar) español y fascista, que desaparece de la faz de la tierra en 1961 y nadie vuelve a saber de él hasta nuestros días cuando despierta, en el interior de una cápsula de criogenización, en pleno Valle de los Caídos. Y ya no digo más.

Quien quiera saber más cosas, que venga a la presentación. Estaremos con los autores en La Central del Raval. La cita, a las 19,30 h.

martes, 8 de septiembre de 2015

Fernando VII y Josefa de Sajonia: de una mala noche de bodas a la visita a unos baños públicos



Una pequeña placa conmemorativa en la calle de Santa Mónica (ubicada sobre la puerta de acceso al pasaje de Lluís Cutchet) me ha llevado hasta esta historia que, más o menos, ya conocía e introduje en un post sobre la ruta de las calles con rejas.

Según consta en esa placa, el 1º de abril de 1828, honoraron sus majestades con su presencia en este establecimiento de baños.”. Es decir, que Fernando VII y su tercera esposa (Maria Josefa Amalia de Sajonia) visitaron la casa de baños de Can Casteliu. El de Fernando y Maria Josefa era un matrimonio pactado de antemano, sin amor, tal como se estilaba en la realeza de entonces y el inicio de su vida en común no pudo ser peor, con una noche de bodas realmente nefasta de la que luego hablaré. De momento, mi interés está en los antiguos baños públicos de Can Casteliu.



El establecimiento, donde bañarse costaba una peseta, fue inaugurado en 1814. Xavier Theros, en un artículo publicado en El País, se remonta a Joan Amades para explicar que estos fueron los primeros baños públicos que se abrieron en la Península Ibérica en época contemporánea. Mucho antes, la Barcelona romana ya disponía de termas públicas. Construidas en el siglo I, fueron descubiertas no hace mucho tras las obras de rehabilitación del Centre Cívic Pati Llimona, en la calle del Regomir.

Ese mismo año (1814) Napoleón abdicó. Veinte días más tarde, Fernando VII recuperaba el poder y, con él, volvía la oscuridad. Disolvió la Diputación de Cataluña, reinstauró el Tribunal de la Inquisición y anuló las normas de sanidad impulsadas durante la dominación francesa. Eso suponía un abandono de las buenas costumbres en cuanto a aseo personal y un notable descenso de la clientela del señor Casteliu. Aun así, el local siguió activo.

Muchos años después, concretamente  el 15 de enero de 1886, “La ilustració catalana” publicaba este artículo sobre los baños dulces de Barcelona, siendo Can Casteliu el primero en aparecer citado.




Desconozco si el día en que los reyes estuvieron en el local se llegaron a bañar pero me temo que no. Fernando VII y Maria Josefa Amalia de Sajonia se casaron  el 20 de octubre  de 1819 y ya, desde el primer día, el matrimonio fue un suplicio para la joven alemana. Empezando por la noche de bodas que está explicada con todo detalle en el blog Historias de España.
  
En 1818 Fernando VII enviudaba por segunda vez. La Reina Isabel de Braganza moría (a los 21 años), por culpa de una cesárea salvaje para sacarle una niña que nació muerta. Esa fue una doble decepción para el Rey ya que perdía a su esposa y la posibilidad de engendrar un varón, que es lo que él realmente anhelaba. Así que, al poco tiempo, empezó la búsqueda de una nueva esposa que  le diera el deseado heredero.
Retrato de la Reina Isabel de Braganza
(Autor: Vicente López)
La elegida fue María Josefa Amalia de Sajonia, una adolescente guapa, de ojos azules, virgen (por supuesto) y muy, muy inocente. Había sido educada en un convento y llegaba a su boda siendo analfabeta en temas sexuales. El  novio, en cambio, era mayor que ella, poco atractivo, viudo por dos veces y  un salido, por lo que parece. ¡Por algo será que en los burdeles le llamaban “Hércules”!

Retrato de la Reina María Josefa Amalia de Sajonia
(Autor: Francisco Elías Vallejo)
El día de la boda era costumbre, entre la realeza española, que la princesa de sangre (que estuviera casada) más cercana en categoría al Rey entrara en la alcoba nupcial unos minutos antes para explicar a la novia qué le ocurriría esa noche. Esa princesa era la cuñada del Rey,  hermana de su difunta esposa (Isabel de Braganza) y se negó a cumplir su cometido. Así que, al negarse la princesa, se tuvo que pasar al plan B: la camarera de más edad que, en este caso, también eludió su responsabilidad bajo el pretexto que no prestaba atención a las cosas que su marido le hacía bajo las sábanas. Así que, de repente, Josefa se encontró sin asesora sexual y con su esposo en la cama. Asustada, intentó huir sin alcanzar su objetivo. Mientras, el Rey intentaba por todos los medios conseguir que la cuñada y la camarera cumplieran su obligación, cosa que acabaron haciendo por imperativo real.

Retrato de Fernando VII
(Autor: Vicente López)
Al final, parece que hubo sexo pero con la novia muerta de miedo. Tanto, que literalmente se cagó en y sobre el Rey. De este hecho dejó constancia el escritor francés Prosper Merimée en una carta escrita a su amigo Stendhal en 1830, un año después de la muerte de la Reina María Josefa de Sajonia a los 25 años de edad. La carta, aunque inicialmente no era más que una confesión-cotilleo entre amigos, acabó siendo publicada en 1898 en Rotterdam como parte de un folleto que se llamó Sept lettres de Mérimée a Stendhal, Así que, si una de las siete cartas es esta, no puedo imaginar qué le contaría en las seis restantes, cosa fácil de descubrir pinchando aquí, ya que el libro está escaneado en la web de la Biblioteca Nacional de Francia.



miércoles, 26 de agosto de 2015

Dismaland y otros parques raros




¿Qué aspecto tiene Banksy? ¿Qué edad tiene? ¿Es un hombre, una mujer o quizá un colectivo de artistas? No hay respuesta a estas preguntas porque nadie lo conoce. Bueno, por fuerza habrá quien lo haya visto pero mantiene el secreto. Lo que sí es cierto es que es el artista urbano más cotizado del momento. Sus obras, han llegado a ser vendidas en las subastas por valor de unos 100.000 euros. 

Si paseamos por las calles de Barcelona  vemos mucho arte urbano: Francisco de Pájaro - art is trash -, B-Toy, Konair, C215, Alicé, Clet Abraham… Pero ni rastro de Banksy aunque, en su día, pasó por la ciudad y decoró a su manera la estatua del dios Hermes de la Llotja d’Arts i Estudis y el hábitat de los pingüinos del zoo. En la calle no queda constancia de ello ya que fue borrado de inmediato por la brigada municipal pero sí que aparece en su libro Wall and piece. Esto ocurrió en el 2003, cuando era un grafitero lejos de convertirse en la celebridad que es ahora.


Estos días Banksy es noticia por su última creación: Dismaland. Un parque temático efímero (cerrará el 27 de septiembre) ubicado en la costa oeste del Reino Unido donde antes hubo un parque de atracciones caído en desgracia que se llamaba Tropicana.


Definido por el propio Banksy como un parque de atracciones para anarquistas principiantes,  Dismaland es fascinante para mí. Parece un lugar siniestro, dejado y abandonado donde se supone que trabajan unos personajes de cuento decadentes.  Aquí, el castillo de Cenicienta está medio en ruinas,  la noria es vieja y desvencijada y todo parece rancio. Por otra parte, en el recinto se  exponen obras del propio Banksy, Damien Hirts y los españoles Paco Pomet (de quien soy muy fan) y Escif, además de otros 50 artistas internacionales.







Dismaland no es el único parque raro en el mundo sino que hay más. Por ejemplo,  Holy Land Experience (Orlando, Florida) dedicado al cristianismo con atracciones que recrean las escenas de la vida de Cristo y que no escatiman en las torturas. 

Foto: http://www.holylandexperience.com/

Otro que me ha llamado la atención es Soviet Bunker  y, por el nombre, ya os podéis imaginar de qué va. Dicen que sus empleados son antiguos interrogadores que formaron parte del ejército. Las atracciones consisten en aprender el himno soviético, sufrir interrogatorios desagradables y experimentar con la sensación de estar en el interior de una cámara de gas.


Foto: http://sovietbunker.com/en/
En el parque de atracciones del Tibidabo, a principios del siglo XX existía el Museo de la Guerra que recreaba situaciones de combate de la Primera Guerra Mundial. Allí, por 50 céntimos, los barceloneses podían experimentar la sensación de participar en ella.



Tiger Balm Garden (Singapur) parece espeluznante. Fue inaugurado en 1937 para enseñar valores tradicionales chinos a base de estatuas y dioramas tan tremendos como el de los 10 tribunales del infierno.

Diorama de los 10 tribunales del Infierno
De todos modos, no es necesario viajar a la China para ver dioramas tenebrosos. Solo con subir al Tibidabo y visitar el museo de los autómatas ya es suficiente. Y si el Tibidabo os da pereza siempre podéis ir a la iglesia de Sant Just i Pastor (en el gótico) y contemplar las almas del purgatorio. 


Hubo un tiempo en que Coney Island tuvo tres parques de atracciones: el que aún se conserva, más Luna Park y Dreamland. En este último, se realizaban espectáculos con tintes dramáticos y moralizantes del tipo recreaciones del fin del mundo.

Espectáculo en Dreamland
Dreamland recibió la visita de Sigmun Freud en 1909 pero, por lo que cuentan las crónicas, al padre del psicoanálisis el sitio no le hizo ni fu ni fa. Luego, dos años después, el parque se quemó de forma accidental. Posteriormente, los miembros de la Sociedad Psicoanalítica Amateur de Coney Island lo quisieron reflotar, cosa que no llegaron a conseguir. Esta era una sociedad nacida para explicar la teoría de la formación de los sueños de Freud. Querían construir un parque temático donde las atracciones reprodujeran los sueños que ellos tenían, tal como hacían con las películas que filmaban.

domingo, 16 de agosto de 2015

Guiris, ratas y palomas en la Barcelona del 69


Busco en la hemeroteca de La Vanguardia la fecha del día en que nací - 16 de agosto de 1969 - y me encuentro un artículo sobre turistas filmando las ratas y las palomas de la plaza Ramón Berenguer. ¡Nada más acorde con mis fobias!  Especialmente, con las palomas.

Por lo que cuenta el cronista, unos guiris que estaban paseando al lado de la muralla romana vieron como las ratas salían de su escondite para jugar con las palomas, lo filmaron y titularon la escena: Barcelona, agosto de 1969.

En fin, que han pasado 46 años desde entonces y la ciudad sigue igual. Con guiris, ratas y palomas. ¡Y parece que va en aumento!

Aquí podéis ver el artículo completo, que no tiene desperdicio.


domingo, 2 de agosto de 2015

El falso gótico barcelonés, Erik el Belga y el retablo de la Piedad

Autocaricatura, Tísner 1981
Seguramente, en más de una ocasión, habréis oído y leído que el barrio gótico de Barcelona tiene, en realidad, muy poco de gótico y mucho de falso. Tanto, que Avel·lí Artís Gener “Tísner” solía contar la anécdota siguiente: a principios del siglo XX, un turista que estaba de visita en la ciudad preguntó al empleado de una tienda del Ensanche dónde estaba el famoso barrio gótico, a lo que el empleado no supo contestar. En cambio, quién sí respondió fue el dueño de la tienda… ¡Sí, hombre…! ¡Es ese barrio que están construyendo al lado de la Catedral!

A la Catedral de Barcelona poco le queda de su etapa gótica. Aunque se empezó a construir en el siglo XIII en el lugar donde antes hubo una catedral románica, su fachada principal data del siglo XIX y se edificó a raíz de la Exposición Universal de 1888. En el año 1882 se convocó un concurso para la adjudicación de las obras que establecía, como criterio, que la fachada acabada siguiera el estilo gótico. 

Fachada de la Catedral en 1880, previa a la construcción de la actual
Una vez adjudicada la obra y financiada por Manuel Girona - con 1.000.000 de pesetas - se empezó la construcción pero, por lo que en su día me contó Xavier Theros, cuando las esculturas del Cristo y los apóstoles estaban a medio hacer, el dinero se acabó. Entonces, Manuel Girona (que era muy tacaño) encargó a un escultor funerario que las terminara, ya que era más barato que si lo hacía un escultor artístico. Por eso parecen hechas en serie, todas con el mismo molde. Por otra parte, Theros también me habló de la leyenda urbana según la cual las esculturas habían estado ocultas en las escaleras de la Catedral a la espera que alguien dispusiera del dinero suficiente para poderlas terminar. Al final, la obra se acabó con la escultura de Cristo en el centro de la puerta principal rodeado de los apóstoles a ambos lados de la puerta.







De todos modos, la fachada principal de la Catedral no es el único lugar con imaginería cristiana de una época posterior. También la hay en puerta de la calle de la Pietat que daba acceso al claustro y por la que actualmente no se puede pasar. Ésta, tiene un bajo relieve que representa la escena de la Piedad. Es decir, el momento en que la Virgen María muestra su dolor, abrazando el cuerpo sin vida de su hijo Jesucristo. Dicho relieve fue tallado en madera por el maestro alemán Michael Luschner en el siglo XV y ahora está a buen recaudo en el museo de la Catedral. En su lugar fue colocada una copia de plástico  después de que la banda de Erik el Belga intentase robar el relieve verdadero según el historiador Josep Maria Villarrubia Estrany






Esto, de todos modos, no acaba de cuadrar con la historia que también me contó Xavier Theros. Según él, el intento frustrado de robo tuvo lugar entre finales de los años 80 y principios de los 90, época en que El Belga ya había salido de la cárcel Modelo y se dedicaba a ayudar a las autoridades a recuperar las obras sustraídas. Además, según Theros, los ladrones fueron pillados en plena tarea por una patrulla de la Guardia Urbana. En cambio, Erik el Belga jamás fue atrapado en pleno robo. De hecho, él mismo explica en esta entrevista de Tamara Crespo que era el jefe de una banda organizada que trabajaba usando armas (incluso una vez resultó herido de bala durante un tiroteo con la policía alemana) y herramientas especiales realizadas por ingenieros de Valencia y que nunca fue detenido mientras perpetraba un robo.


Fuente: La Vanguardia 10/05/1982

René Alphonse Ghislain, apodado Erik el Belga, fue detenido por la policía española en Sitges en 1982, donde vivía entonces. De hecho, fue liberado el 22 de febrero de 1985 tras un acuerdo de colaboración con las autoridades para recuperar las piezas robadas. Al final, tras la devolución de 1500 obras, consiguió la libertad y la absolución de 14 juicios que tenía pendientes porque el delito ya había prescrito.

Erik el Belga en el momento de salir de la Modelo el 22/02/1985
Fuente: La Vanguardia 23/03/1985
Actualmente, vive en Málaga con su esposa y abogada Núria Gutierrez de Madariaga que, a su vez, es la autora de su biografía Por amor al arte, editada por Planeta en el año 2012. Ahora es un buen ciudadano que todavía ayuda a recuperar las cosas que robó.



jueves, 16 de julio de 2015

¡Por plaza Cataluña, no! - Pechakucha (Vol 23)



Nunca habría imaginado que mi ornitofobia pudiera ser objeto de una charla ni que al público asistente le interesaran mis problemas con las aves. En cambio, eso ocurrió en el Pechakucha donde fui a parar por una llamada de Oscar Guayabero en la que pedía personas con fobias raras y yo respondí con mi miedo a las palomas.

Joan X Vázquez (estudiante del postgrado de ilustración de Idep)
ilustró todas nuestras intervenciones

Pechakucha es un espectáculo dinámico, a base de charlas, nacido en Japón en el año 2003. Consiste en hacer que cada uno de los ponentes (entre 10 y 12) exponga un tema y lo explique en 20 imágenes (que previamente habrá seleccionado). Hasta aquí, todo bien pero la cosa se complica cuando te dicen que dispones de 20 segundos para explicar cada diapositiva y que, pasado este tiempo, la imagen cambia automáticamente a la siguiente de modo que no puedes volver atrás ni saltarte ninguna. En total, la exposición dura 6 minutos y 40 segundos. Por eso se dice que el formato del espectáculo es 20x20.
Actualmente, Pechakucha se celebra en más de 700 ciudades del mundo. En Barcelona vamos por el 23 y fue en este último en el que participé. Bajo el título general de filias & fobias, teníamos que hablar de cosas que nos apasionan o que odiamos. En mi caso fue lo segundo: terror a las aves. Por eso, pocas veces me veréis cruzar la plaza de Cataluña en pleno día.

Foto: Jordi Casadevall
El origen de mis miedos se remonta a la primera vez que vi Los pájaros de Alfred Hitchcock, demasiado joven, a mi parecer. La película, realizada en 1962, se emitió en televisión Española por primera vez en 1970 pero es casi imposible que la viera entonces.


La película está basada en parte en un relato corto de ficción (Los pájaros, Daphne du Maurier) y en parte en un hecho real ocurrido en 1961 en una población costera de California. Según el diario local – Santa Cruz Sentinel -, una noche llovieron pájaros marinos. A la mañana siguiente había centenares de aves y peces muertos, repartidos por toda la ciudad.  Hitchcock se enteró y llamó a la redacción para pedir una copia de la noticia e informar que lo usaría en su próximo film.

Muchos años después (2011), dos biólogos descubrieron el motivo de las defunciones: intoxicación por ácido domoico. Se hallaba en las algas ingeridas por los peces que luego se comieron las aves, provocándoles confusión, epilepsia y luego la muerte.


Ese aversión mía a todo lo que tenga plumas sirvió de inspiración a Daniel Ausente para uno de los capítulos de Mataré a vuestros muertos, en que las palomas cuentan cómo son cazadas con red para después servir de alimento a un ente monstruoso que vive en el subsuelo de Barcelona.

Cazar palomas con red no es la única técnica de reducción que se utiliza. Por lo que he podido saber, hay unas cuantas más como el uso de anticonceptivos, dificultarles el acceso a la comida o soltar razas depredadoras como los halcones que habitan en la Sagrada Familia. Antiguamente, para cazar palomas con red, primero las drogaban pero dejaron de hacerlo porque el efecto que les producía no era el deseado ya que se ponían eufóricas, salían huyendo despavoridas y no había quien las pillara.



A parte de las típicas palomas callejeras, sucias y llenas de parásitos, también hay otras muy selectas. Estoy hablando de las mensajeras, criadas adrede para competir. En Barcelona existe el Club Colombófilo de la ciudad, con 80 años de antigüedad que realiza campeonatos y sueltas de palomas. Estas son muy valoradas y su precio es extraordinariamente caro. El de las mejores ronda los 18.000 euros. 


Escudo del club 1926-1934

Aún así, por muy buenas que sean, siempre está el peligro que se pierdan por el camino y no lleguen a su destino final. Esto ocurre la mayoría de las veces (entre el 50-70%) y las causas son variadas: el mal tiempo, los cazadores, las aves de rapiña y también las antenas de televisión y los postes eléctricos. Un ejemplo de lo que digo es el caso de una paloma mensajera que, en noviembre de 2007, se perdió en el camino y acabó muriendo de hambre. Una vecina de Bétera (Valencia), encontró el cadáver, rodeado de diarrea de la paloma, en la terraza de su casa.




El ejército español tenía palomas mensajeras en el palomar del Pardo, que cerró en el año 2008. Contaba con 300 pájaros cuyo entrenamiento se iniciaba a los tres meses de edad. La intención era conseguir que se desplazaran desde el norte y el sur del país hacia el centro. Los mejores recorrían 1000 km/día a la velocidad de 90 km/hora.

El palomar del ejército español llegó  a ser un lugar de referencia, hasta el punto que hace unos 10 años lo visitó una representación del ejército de los EEUU porque querían volver a implantar el uso de palomas mensajeras por ser un sistema seguro y difícil de interceptar.



Pompeius Gener era un bohemio intelectual de la Barcelona del siglo XIX que pertenecía a una familia adinerada de la calle Petritxol. De hecho, en esa misma calle hay un mosaico cerámico que lo representa y su tío tenía una farmacia en ella. Ese tío suyo, además, cruzaba palomas con loros porque quería conseguir una raza de aves mensajeras que te recitaran el mensaje en lugar de llevarlo atado a la pata pero, por lo que parece, no alcanzó su objetivo.

Amb capa i barret have cada nit "Peius" Gener (mosaico al principio de la calle Petritxol)

Durante la charla del Pechakucha usé tres diapositivas para ilustrar la historia de la famosa ave gigante que, según los lectores de la Vanguardia, se dejó ver en Barcelona en el verano de 1990. Curiosamente, esto ocurría hace justo 25 años y lo que no llegué a explicar es que yo también la vi. O al menos eso creo. Era un buitre escapado del zoo que, casualmente, se posó en el terrado de enfrente de casa de  mis padres hasta que llegaron los veterinarios, lo anestesiaron y se lo llevaron de vuelta al zoológico. También recuerdo fotógrafos de prensa pero, buscando en la hemeroteca, no he llegado a encontrar nada. Mi hermano dice que lo soñé. En cambio, mi madre apoya mi teoría.


Todo esto que he explicado, y algunas cosas más (y otras menos) forman parte de mi intervención el pasado 10 de julio que podéis ver en Vimeo junto a las del resto de mis compañeros: Andrés Requena, Javi Inglés (PlaygroundMagazine), Mireia Ruíz, Marc Lozano, Francesc Pla, Oriol Guimerà, Lluc Mayol, Susana Zarco e Isa Calderón. Esta última, con un vídeo demoledor sobre la película Amelie, que podéis ver pinchando aquí.

Foto: Jordi Casadevall


jueves, 2 de julio de 2015

Los Beatles, los Rolling Stones y la Monumental


Los Beatles "pasaron por Madrid sin demasiada pena ni demasiada gloria" según el NO-DO y llegaron a Barcelona el 3 de julio de 1965 para dar su segundo concierto en España: de la plaza de toros de las Ventas a la de la Monumental. Nada más aterrizar al aeropuerto fueron retratados por Pérez de Rozas, bajando del avión con monteras en sus cabezas, mientras una azafata vestida de flamenca observaba la escena. Llegaban en pleno franquismo a la Barcelona de Porcioles, justo dos años antes de que el Alcalde recibiera a Copito de nieve en audiencia en  su despacho del Ayuntamiento y Pérez de Rozas también inmortalizara el momento.


En los 50 años que han pasado desde el concierto de los Beatles se ha hablado y escrito mucho sobre el tema. Ya en su momento, Francesc Betriu y Pedro Costa fueron designados para realizar un documental  sobre la estancia del grupo de Liverpool en España. Lástima que,  al final, el reportaje no se terminó debido a la prohibición del Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga. Por eso, las imágenes filmadas hasta entonces quedaron olvidadas hasta que Magí Crusells  (autor de The Beatles, una filmografía musical) las encontró.


Ava Gardner - y también mi suegra -asistieron al concierto, el último de la gira europea del grupo. Las entradas valían de 75 a 450 pesetas y la actuación duró poco más de treinta minutos. En cambio, ellos cobraron más de un millón de pesetas.

Al día siguiente, los diarios hablaron especialmente del respeto al orden público y Manel Pombo Angulo, en su crónica en La Vanguardia, incidía en el fenómeno “fans”,  de los que decía que aullaron, lloraron y expusieron su corazón de quince años. De hecho, razón no le faltaba.

Once años más tarde (11 de junio de 1976) sus rivales, los Rolling Stones, daban su primer concierto en España y el lugar escogido también era la Monumental aunque en un principio se pensó en hacerlo en Las Arenas. El espectáculo empezó a las doce y media de la noche, quince años más tarde de lo inicialmente previsto.


Dos días después, Ramón Alpuente decía en El País que “desde sus comienzos los Rollings son la otra cara de la moneda, la contrafaz sombría de unos Beatles atildados, correctos, con sus excelentes armonías locales”. Y aseguraba que  “Los Rollings incorporaron la tradición del Rock and Roll negro a la cultura popular inglesa…”

Verlos actuar valía 900 pesetas. Un precio elevado para la época y, según Alpuente, hubieron incidentes en la entrada. La gente que se quedó fuera intentó reventar las puertas y los grises la emprendieron contra ellos lanzando balas de goma y bombas de humo. Mientras, en el interior, Mick Jagger cantaba Honky Tonk Woman y Gay Mercader, quien había conseguido traer a los Rollings a España, alucinaba con todo.


Uno de esos que se quería colar era Onliyú. En su libro Memorias del underground barcelonés  lo explicaba con todo detalle: “Había policías por el este y por el oeste, a pie, a caballo y en coche”. Por lo que sus expectativas – y las de Nazario, con quien se encontró en el lugar - rápidamente se fueron al traste.



Los Stones, a diferencia de los Beatles que vinieron en pleno franquismo, ellos lo hicieron con Franco muerto, cosa que también recuerda Onliyú en el libro y lo relata de la siguiente manera: “hacía menos de un año que se había muerto por fin Aquel Pelmazo y no estaba muy claro por dónde iban a ir las cosas, así que el personal se apuntaba a un bombardeo mientras tuviera que ver con la posibilidad de jolgorio y despendole”.


Ahora, 50 años después de ese último concierto en España de los Beatles y 40 del primero de los Stones, la Monumental está cerrada. Lo está porque en Cataluña se prohibieron las corridas de toros en el año 2010 y su futuro aún  por decidir.  Balañá, su propietario, no parece tener los planes claros mientras que al ayuntamiento de Ada Colau le gustaría reconvertirlo en un espacio cultural. De hecho, en realidad, durante toda su historia lo ha sido ya que aquí, además de espectáculos taurinos y conciertos musicales ha habido boxeo, circo y hasta incluso mítines políticos.