miércoles, 15 de febrero de 2012

El hombre que quiso matar al Rey Fernando el Católico

Fernando el Católico
Si después de saber lo que le pasó a la pobre Eulalia con los romanos aún les queda cuerpo para más torturas les contaré lo que le ocurrió a un tal Joan de Canyamars que quiso matar al rey.

Por lo que parece, Joan de Canyamars era un payés de una aldea llamada Canyamars (hoy en día forma parte del Vendrell) que no estaba de acuerdo con la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486) dictada por Fernando el Católico para acabar con las Guerras de las remensas, que tantos dolores de cabeza le traían.

Para quien no conozca las remensas les diré que fueron una serie de revueltas de los campesinos contra las presiones y maltratos a las que eran sometidos por parte de sus señores feudales.

La Sentencia de Guadalupe fue aceptada por ambas partes (campesinos y señores feudales) y sirvió para terminar con los abusos y malos tratos a los payeses a cambio de un pago a los señores feudales, obligatorio para todos los campesinos.

Por lo que parece, al tal Joan no le gustaba la Sentencia y no quería pagarle nada a su señor ni tampoco recibir presiones de ningún tipo. Y como el responsable de la sentencia era el rey, la tomó con él y decidió asesinarle.

El día propicio para llevar a cabo su plan era el 7 de diciembre de 1492, ya que Fernando el Católico se encontraba en Barcelona para asistir a varias causas judiciales. Cuando el rey terminó con las tareas propias de su cargo, se dirigió desde la catedral hacia sus estancias en el Palau Reial Major (en la Plaça del Rei) acompañado de su séquito. Justo ahí apareció Joan de Canyamars armado con una daga con la que le asestó una puñalada en el cuello mientras gritaba “¡Devuelveme la corona, que es mía!”.

Plaça del Rei, donde Fernando el Católico fue agredido
Inmediatamente, los guardias reales saltaron sobre el agresor y no lo mataron allí mismo porque el rey se lo impidió. Prefirió dejarlo en manos de la terrible Inquisición, que lo condenó a muerte por intento de asesinato (referente al Tribunal de la Inquisición, debo decir que  su sede estaba en el lugar donde ahora se encuentra el Museu Marés, en la Plaza St. Iu).

Manuscrito de la época que relata el atentado al rey
El pobre Joan fue detenido y torturado durante cinco días y, posteriormente, condenado a muerte. En este tiempo lo único que consiguieron hacerle confesar era que quería matar al rey porque pensaba que él lo sustituiría en el cargo. Una excusa como cualquier otra para que lo dejasen en paz.  Pero la verdadera razón no la llegó a confesar. Pasado este tiempo, lo llevaron de nuevo a la Plaça del Rei donde lo obligaron a subirse a un carro y lo ataron y torturaron mientras recorrían la ciudad. Durante el recorrido por las calles de Barcelona (Carrer del Blat, Plaça St Jaume, Plaça Nova y Passeig del Born) recibió las siguientes torturas: le arrancaron los pezones con unas tenazas al rojo vivo, le cortaron las piernas, la nariz, le arrancaron los ojos, lo descuartizaron en el carrer St Pere y finalmente murió desangrado a la altura del Passeig del Born. Entonces el carro se llevó el cuerpo fuera de la muralla donde fue incinerado.

En la Plaça St Jaume le arrancaron un ojo y le cortaron la naríz y una pierna
Las crónicas de la época describen más o menos de la misma forma el suplicio de este hombre aunque difieren en dos detalles. Según Andrés Bernáldez también le sacaron el corazón por la espalda, mientras Pere Miquel Carbonell dice que lo que le sacaron fue el cerebro y no el corazón. De todos modos, tanto da si le sacaron el corazón o el cerebro ya que todo lo que le hicieron fue una gran salvajada.

3 comentarios:

  1. Coñ, pues si hubiera confesado la verdadera razón igual el rey se hubiera pensado eso de las remensas algo mejor, no??

    ResponderEliminar
  2. Era la tradicion por esa época torturar así... en todo España en sus diferentes territorios hubo revueltas contra señores feudales.

    ResponderEliminar