Hace tiempo que le daba vueltas al tema
de dedicar una entrada al Raval, antiguo barrio chino e inicialmente bautizado
como Distrito V. Fue Rubén Lardín quien me lo sugirió al comentar que debería investigar
sobre la Barcelona de Jean Genet y George Bataille. Le hice caso y dediqué
parte de mis vacaciones estivales a leer a Genet y su “Diario del ladrón” en
plena playa nudista de Sitges, con las consiguientes miradas extrañadas de los
turistas gays que acuden a esta playa.
Tras esta lectura y de “Historia y
leyenda del barrio chino” (Paco Villar), cada vez que paso por la calle Arc del
Teatre (en un principio llamada Trentaclaus) me imagino mugre, suciedad y
degradación y a Jean Genet y sus compinches (el manco Stilitano y Pepe el
Gitano) malviviendo entre hurtos, prostitución en “La Criolla” (calle Cid, 10)
y juego ilegal en las esquinas del barrio. Sobre ello, Paco Villar cuenta en su
libro que en el número 9 de la calle Guardia había una cervecería que, en el
sótano, tenía un local clandestino donde el juego ilegal se practicaba a
diario.
C/ Arc del Teatre desde la Rambla
Este es el aspecto actual del edificio de la C/ Guardia 9
Jean Genet escribió “Diario del ladrón”
en 1949 mientras estaba en la cárcel (cuando ya contaba con el apoyo de Cocteau
y Sartre), años después de su paso por Barcelona. Él había llegado a la ciudad
en la década de los 30 siendo un joven delincuente. Hijo de una prostituta de
París, dejaba tras de sí una familia adoptiva y una adolescencia plagada de
robos, estancias en reformatorios y en el ejército, de donde fue expulsado al
ser descubierto practicando sexo con un compañero. En Barcelona se instaló en
el chino. El lugar idóneo para personas como él. El Distrito V era un lugar de
delincuencia y prostitución, con pensiones de mala muerte, baruchos, teatros,
cabarets y prostíbulos de los que se hablaba en las publicaciones de la época
“Crónica” y “Linterna”. Pero inicialmente esa zona no era exactamente así.
La urbanización de la Rambla hizo posible
la apertura de la ciudad en dirección al Raval. En 1790 se inauguraba la calle
Conde del Asalto (actual Nou de la Rambla) y con ella se abrieron la mayoría de
las calles de la zona. Allí se instalaron las primeras fábricas de indianas
(como la de Erasme de Gómina, en 1780, en la Riera Alta) y los palacios de sus
propietarios.Hasta los ricos Güell le
encargaron a Gaudí la construcción de un palacio que conectase con la vivienda
que ya tenían en la Rambla.
El Palau Güell en 1895 (C/ Nou de la Rambla)
Con el tiempo, el Raval se fue
transformando en una zona plenamente industrial y se empezó a construir
masificadamente viviendas de pésima calidad para alojar a los obreros. También
entonces proliferaron las tabernas, cafés y prostíbulos. Todos ellos
concentrados en la calle Trentaclaus (Arc del Teatre) y sus alrededores.
C/ Arc del Teatre, fotografiada por Josep Domínguez
La calle d’en Cirés era una de las más
conflictivas de la zona pero hoy en día ya no existe. Tenía su inicio al final
de la calle Migdia (la actual Adva de les Drassanes) e iba desde la esquina de
l’Arc del Teatre a Nou de la Rambla. Siempre llena a rebosar, por ella solían
pasar delincuentes y prostitutas. Allí se organizaban mercadillos ilegales y la
gente convivía entre restos de basura que nadie recogía a la vez que se
utilizaba de urinario público. Buena muestra de ello es la película “La
bandera”, de Julien Duvivier (1935) cuya primera escena transcurre en esta
calle.
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Imagen de la C/ Cirés esquina con Arc del Teatre
La C/ Migdia, en 1953, fotografiada por Josep Postius
La Avda. Drassanes hoy en día
Años después, gracias al Plan Cerdà, el
Eixample se convirtió en el lugar escogido por la burguesía barcelonesa para
instalar sus negocios y su residencia, dejando en el Raval un sinfín de
pequeños oficios sin posibilidad de expansión. Cuando esto ocurrió, algunas de
las antiguas fábricas se reconvirtieron en cabarets donde prostituirse era lo
normal (Genet lo hacía en “la Criolla”, vestido de mujer) y locales como la
“Taberna La Mina” (en Arc del Teatre, 63), que en su día fue una fábrica de
velas.
Fiesta de Carnaval en "La Criolla", allá por 1932 (A. Sagarra)
La Taberna "la Mina" en 1913 (fotografía de Frederic Balell)
En la zona también se instalaron teatros
(el Teatro del Circo Barcelonés, en la calle Montserrat, 20, y el Teatro Odeón en
la calle Hospital, 45), un prostíbulo de lujo que sirvió de inspiración a Jean
Genet para escribir “Querelle de Best” (Madame Petit en el número 6 de l’Arc
del Teatre, posteriormente transformado en la cochambrosa Pensión los Arcos),
cabarets (Villa Rosa en el Arc del Teatre, 3) y pensionuchas varias como en la
que vivieron Genet y Stilitano.
Fachada del Teatro del Circo Barcelonés (fotografía A. Històric de la Ciutat)
Donde antes estaba el Teatro del Circo Barcelonés ahora hay un párquing
Habitación de Madame Petit, sobre 1932 (A. Paco Villar)
Lo que antes era Madame Petit, ahora es una casa Okupa
Llegados a este punto debo decir que ese
barrio tan degradado también era una atracción para los ricos turistas que
llegaban a la ciudad en lujosos transatlánticos. Un ejemplo de ello es el pasaje
de “Diario de un ladrón” donde Genet relata cómo unos turistas se presentaron
en el barrio, cámara en mano, fotografiando a los vagabundos como si de un
juego se tratara. Luego se marcharon, felices y contentos, con sus fotos como
trofeo.
Paralelamente, en la Barcelona moderna de
los años 20, avanzada y cosmopolita, había un grupo de arquitectos (formado por
Sert, Soteras y Rodriguez entre otros) que invitó a Le Corbussier a dar una
conferencia. Aquí, Le Corbussier y Sert se hicieron amigos y el francés consiguió
una cita con el President Macià para mostrarle su proyecto para una nueva
Barcelona limpia y sin guetos de por medio. La idea gustó y se presentó al
público en 1934 en el sótano de la Plaza Cataluña, en forma de diorama
(conocido como el Diorama del GATEPAC). Pero con la llegada de la Guerra Civil
el proyecto quedó aparcado y, parte del barrio, “casualmente” bombardeado.
Justamente de eso trataba una exposición del MACBA, recientemente clausurada.
Debo decir, también, que el sobrenombre
de Barrio Chino parece que fue cosa de Paco Madrid. Un periodista y dramaturgo
de Barcelona que en un artículo publicado en “El Escándalo” se le ocurrió
referirse al entonces Distrito V como “Barrio chino”. La explicación, según un
artículo aparecido en “Blanco y Negro Madrid” el 4 de junio de 1931, es que los
carteristas del barrio llamaban a su “oficio”, “chinar” porque lo ejercían
cortando las americanas de sus víctimas con la ayuda de un “chino” (hoja de
navaja de afeitar).
En su “Diario del ladrón” Genet describe
el Barrio Chino diciendo que “El Paralelo es una avenida de Barcelona
paralela a las célebres Ramblas. Entre estas dos arterias, muy anchas, una
muchedumbre de calles estrechas, oscuras y sucias forman el Barrio Chino”.
Una descripción que bien podría aparecer en cualquier guía turística de la
época.
Para terminar, les diré que tengo en mis
manos abundante información del barrio chino, Raval o Distrito V, como le
prefieran llamar. Eso significa que seguiré hablando de él en el futuro y que
trataré, con más detalle, de lugares que aquí tan sólo he citado y de otros que
ni siquiera he enumerado.
Pl. Jean Genet, en la confluencia de l'Arc del Teatre con la Av. Drassanes