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domingo, 8 de marzo de 2015

Para entender el autismo: Yo veo lo que tú no ves (CaixaForum)

Ilustración de Flavio Morais para la exposición "Yo veo lo que tú no ves"

Miguel Gallardo sabe bien lo que es el autismo porque María, su hija de 20 años, fue diagnosticada de TEA (Transtorno del Espectro del Autismo) cuando tenía 8. Entonces se confirmó que era una niña especial pero, mucho antes, Miguel y May (madre de María) ya se habían percatado que su hija no era como los demás. Todo esto que os cuento está perfectamente explicado en María y yo, el cómic (luego película) sobre la relación con su hija y, también, en el cortometraje “El viaje de María”.




Gracias a su profesión, Miguel tardó poco en descubrir que sus dibujos le servían para comunicarse con María. Ella, por su parte, pronto le empezó a pedir más y más dibujos. Tantos, que incluso afectó a su forma de dibujar teniendo que pasar a utilizar un trazo más rápido y sencillo.



María y yo (Astiberri, 2007)

Tanto estar en contacto con personas diagnosticadas de TEA y asociaciones relacionadas con el autismo han hecho de Gallardo un experto en el tema, cosa que propició la posibilidad de realizar una exposición en la que arte y autismo  se interrelacionasen. De eso hace ya un par de años y surgió a partir de una muestra realizada en Alemania en el 2010 (por la asociación AKKU) que fue presentada en la Documenta de Kassel. El presidente de la Asociación Catalana de Autismo y Asperger conocía la exposición y contactó con Miguel para hacer algo parecido en España. Al final, Miguel Gallardo y Clara Laguillo (ambos comisarios) han conseguido armar un espacio en CaixaForum con más de 50 obras realizadas por autistas. Una de ellas es María con sus dibujos de gente con la boca abierta gritando aunque al principio Miguel pensara que dibujaba a los pajaritos de los Angry  birds”. De hecho, tuvo que ser un amigo suyo autista quien le indicara lo equivocado que estaba y hacerle caer en la cuenta que es cierto, que María se agobia cuando se ve rodeada de un grupo de gente que está hablando a la vez y que así es como lo expresa. De ahí el nombre de la muestra: “Yo veo lo que tú no ves” porque los autistas están en otro mundo, ven cosas que nosotros jamás sabríamos ver y tienen una memoria prodigiosa además de una imaginación desbordante.


Durante una visita guiada a la exposición Miguel nos cuenta que los autistas suelen seguir un mismo patrón como es la repetición y fijación (incluso obsesiva) de determinadas cuestiones como en el caso del hombre que construye maquetas de ciudades infinitas o el de Erik, un niño de Hamburgo que a los 6 años leyó Hansel y Gretel. Cuando acabó cogió papel, lápiz y trazó un mapa para que los protagonistas del cuento no se volvieran a perder. Ese mismo niño, años después estuvo en Barcelona en casa de Gallardo. Un piso repleto de muñecos que harían las delicias de cualquiera de su edad. En cambio Erik no les prestó la menor atención. Lo que en realidad le interesaba eran los tubos de la calefacción que recorrían la casa y que luego dibujó con todo detalle.





Esta no es la primera vez en que se muestran las conexiones entre el arte y las personas discapacitadas. En el año 2001 el MACBA presentaba la exposición La Colección Prinzhorn. Trazos sobre el bloc mágico", una colección de obras realizadas por pacientes psiquiátricos entre finales del siglo XIX y principios del XX reunida por el psiquiatra e historiador del arte Hans Prinzhorn que pretendía crear un museo con ellas. De hecho, “Yo veo lo que tú no ves” empieza con unos dibujos de interiores de vagones de metro que forman parte de esa misma colección.

Colección Prinzhorn (1980-1981)

martes, 11 de junio de 2013

Georges Méliès "la magia del cinema" me emocionó



La semana pasada acudí a CaixaForum para ver la exposición sobre Georges Méliès sabiendo que me iba a gustar ya que contenía todos los ingredientes para que así fuera. Teatros de sombras, linternas mágicas, zootropos y otros cachivaches del pre-cine, autómatas, trucos de magia, dibujos, fotografía, fantasía y mucho cine.

Autómata de arlequín de finales del siglo XIX.- La Cinemathèque française

Disco de fenaquitoscopio con ilustraciones de monstruos, Reino Unido 1833 La Cinemathèque française
 La exposición me entusiasmó y superó todas mis expectativas. Mientras estaba allí, disfrutando de todo lo que había, pasaron muchas cosas por mi mente. Me acordé de Josep María Queraltó y el día en que lo entrevisté. También pensé en mis años de estudiante en la UB junto a profesores como Miquel Porter y Palmira González que me inculcaron su amor por el cine y, especialmente, por sus inicios. Y no exagero si digo que en algunos momentos me llegué a emocionar viendo fragmentos de algunas de las películas que se conservan en la Cinémathèque française.

Sólo empezar la exposición encontré un teatro de sombras seguido de un montón de placas de vidrio para linternas mágicas, todas fascinantes. Pero mi sorpresa fue mayúscula al ver representadas un par de escenas tituladas “los poderes de Satán” y “la caldera del diablo”, de Habert y Hennetier (1860) que se conservan en la Cinémathèque y que hace escasos días me mostraron en twitter, sabiendo de mi afición a cosas como estas.

Los poderes de Satán.- La Cinemathèque française
La caldera del diablo.- La Cinemathèque française
Luego, investigando sobre el tema, he descubierto que forman parte de una serie de placas para linterna mágica que se conocen con el nombre de “Diablerías que se publicaron en París entre los años 1860 y 1900. En ellas siempre aparecen demonios, esqueletos y otros personajes fantásticos a veces en posiciones grotescas o realizando gamberradas impensables. Pero lo mejor de todo ha sido saber cómo fueron realizadas. Las figuritas esculpidas en barro y, posteriormente, fotografiadas con una cámara stereo para poder ser vistas a través de una linterna mágica.

Cartel para un sainete de magia en el Robert Houdin (1889)
Pero volviendo a Méliès, de él hay que saber que empezó en el espectáculo ejerciendo de mago en el Teatro Robert Houdin, del que fue su director hasta que descubrió el cinematógrafo Lumière y se enamoró de él. Le gustó tanto el invento que intentó comprar un prototipo a los hermanos Lumière pero ellos se negaron aduciendo que no había futuro para su invento. Méliès no se dio por vencido y acabó comprando un prototipo parecido a Robert William Paul que utilizó para construir una cámara a su gusto con la que filmó su primera película, “Partida de naipes”
 



Tras esa primera filmación llegaron otras y la fama con ellas, hasta que llegó el momento en que decidió montar un gran estudio de cristal en Montreuil para hacer de él una fábrica de sueños. Allí realizó la mayoría de sus películas, Viaje a la luna (1902) incluida. 


Escena del encuentro con los selenitas en "Viaje a la luna"
El estudio de cristal de Meliès.- Colección particular
Todo ese mundo de sueños y fantasía construido por Méliès se acabó yendo al traste por culpa de la guerra. Los hombres se fueron al frente y el resto de la población, angustiada por la situación que le tocaba vivir, fue perdiendo el interés por la magia del cine hasta que la guerra terminó y Méliès se arruinó. Entonces su única salida pasaba por deshacerse del estudio y sus películas. Y eso es lo que hizo en 1923. Se retiró del mundo del espectáculo e inició una nueva vida regentando la tienda de juguetes que su esposa (Jeanne d’Alcy) tenía en la estación de tren de Montparnasse. Allí estuvo Méliès,  triste y amargado, hasta que Leon Druhot (director de “Cine Journal”) dio con él y lo devolvió a la fama. De esa época oscura de Méliès, alejado del cine, hay algunos dibujos en la exposición que me parecieron fascinantes...

Méliès y Jeanne d'Alcy en la tienda de la estación de Montparnasse (1930).- La Cinemathèque française
Así se sentía Méliès en su tienda de juguetes. Autorretrato (1930).- La Cinemathèque française
Mientras yo seguía emocionada con todo lo que veía no pude evitar pensar en Segundo de Chomón y en el gran trabajo de recuperación y restauración de sus películas realizado por la Filmoteca de Catalunya. Gracias a ello, hace unos años pude ver en el Festival de Cine de Sitges un gran número de ellas. Dicho esto, y dado que en Cataluña conservamos material de sobras sobre Chomón, sería bueno que alguien pensara en dedicarle una exposición.

Segundo de Chomón
Segundo de Chomón fue un personaje clave para la historia del cine aunque quizá no haya llegado tanto al gran público como sí lo ha hecho Méliès. Nació en Aragón (concretamente en Teruel en 1871) aunque pronto se instaló en Barcelona tras haber estado en Paris fascinado por el cinematógrafo Lumière. En Barcelona fundó la productora “Macava y Carro” y empezó a experimentar con los trucajes cinematográficos igual que, a su vez, hacía Méliès en Paris.

Chomón, igual que Méliès, era un genio con los trucajes para los que se servía de maquetas, sobreimpresiones, dobles exposiciones, algo de pirotecnia, animación fotograma a fotograma y coloración de películas a mano. Así conseguía resultados impresionantes como en “El hotel eléctrico” (1905)  en que unos  turistas recién llegados se sorprenden de que las maletas se vayan solas a su habitación y alguien invisible les limpie los zapatos, los peine, los afeite y escriba una carta a los parientes que se han quedado en casa.


Sobre la coloración manual de películas debo decir que Chomón era experto y que tenía un taller especializado en Barcelona. De hecho, parece que desde este taller fueron coloreadas algunas de las películas de George Méliès, una de las cuales pordría ser “Barba-azul” (1902), como se indica en el catálogo de la exposición.

En esa época en que Chomón vivía en Barcelona los propietarios de la casa Pathé se fijaron en él y lo contrataron para realizar películas desde aquí  hasta que, finalmente, se acabó instalando en París donde fue requerido para trabajar con directores como como Ferdinand Zecca y Giovanni Pastrone, para el que fue el segundo operador de cámara en "Cabiria”(1914) y el autor de los trucajes de la película.

Versión americana del cartel de "Cabiria" (1914)

En fin, que “George Méliès la màgia del cinema” es una magnífica exposición que pronto acabará. Exactamente el próximo 24 de junio. Me gustó tanto que, al salir, no pude resistir la tentación de comprar el catálogo, que es de donde he sacado la mayor parte de las ilustraciones de este post. Lástima que hoy me he dado cuenta que mi hija de 4 años ha ocupado su tiempo libre en pintar la portada del libro sin que yo me haya enterado.

Catálogo de la exposición